Transcurría el año 2008 y la billetera del Club Atlético
Independiente comenzaba a hacer estragos. La economía amenazaba con terribles
novedades. Había que realizar ajustes, reducir el presupuesto y apostar a
jugadores de menor relieve pero con valor para ponerse la del rojo. Allí a través de reuniones
exitosas y conversaciones entre dirigentes surge el nombre de Ángel Puertas.
Estaba escrito.
El desembarco del defensor de importante porte en
la entidad de Avellaneda traía consigo grandes ilusiones. "Llego con la valija llena de sueños, después
de mi debut este es el segundo día más importante de mi vida" decía
emocionado hasta las lagrimas.
Su campaña anterior arrojaba 32 partidos en
Huracán, 0 goles, indescifrables rechazos, algunas rojas, toda una presencia en
el área, un jugador a tener en cuenta, un referente. Suficientes argumentos
para captar la atención del mandamás de Independiente, por aquel entonces Julio
Comparada. Un cerebro destacado en la gestión de uno de los "5
grandes".
La suerte estaba echada. Aunque había sido injusta
con él. Solo cuatro partidos con actuaciones que dejaban mucho que desear y
críticas para con su rendimiento. "Solo puedo decir que no estoy en mi mejor
momento. Pero no es solo culpa mía" destacaba en uno de sus
testimonios. Sus actuaciones, queda claro, no eran las mejores pero dentro de
si había algo peor, Ángel sabía que tenía algunos kilos de más.
Sabía que aquellas travesuras de madrugada le iban
a salir caro, sus visitas nocturnas a la heladera del buffet de la
concentración hacían estragos en su mecanismo. Ni que hablar de las salidas con
su compañero Leonel Núñez en busca de salamines y quesos de campo durante las
pretemporadas que el equipo realizaba en Tandil. Noches de eternas picadas.
Era tarde para arrepentimientos y Ángel lo sabía.
Estaba lento, con falta de timing y con demasiado porte. Ya no levitaba en
cabezazos en ambas áreas, era un hombre pesado que solo se limitaba a ver
cortados sus minutos. Sus chances se acababan. "Gordo no estoy, rellenito nada más. Siempre fue una característica de
mi juego, no me engancho en comentarios mala leche". explicaba en
profundo desahogo.
En ese duro contexto la presencia de Puertas en
aquella áspera línea de cuatro defensores roja se fue desvaneciendo. Volvió a
tener otra chance al torneo siguiente pero la escasa suma de tres cotejos le
abrió la puerta de atrás. Ángel se despedía de Independiente con la valija, los
sueños rotos y algunas cosas más producto de excesos y más excesos. Una risa
del destino, una jugada en contra.
El fútbol lo llevó a probar otros horizontes. Tras
un leve paso por Tacuarembó en el recomendable y vistoso fútbol uruguayo Ángel
volvió porque "el fútbol argentino
me extraña".
Es así como desde el año 2010 el entrañable
defensor forma parte del plantel de Platense, equipo que milita en el fútbol de
ascenso donde aseguran sus más íntimos que es un hombre nuevo, renovado y con
más hambre que nunca. No podían esperar menos de él.

