domingo, 30 de septiembre de 2012

El Guardaespaldas



Quizá pueda este título confundir al lector, o a cuarentonas que en sus años mozos suspiraron con Kevin Costner y que hoy, aprendiendo a googlear, llegasen en forma casual a esta nota. Lamentamos la decepción: Nuestro homenajeado carece del glamour que ostenta el bueno de Kevin. Pero prometemos, porque no podemos hacer menos en este regreso de la chimenea deportiva, que este personaje no logrará ahuyentarlos.

Apelamos a que el lector recuerde, una vez llegado este punto, aquel instante glorioso para la historia de nuestro fútbol en el que la Asociación del Fútbol Argentino tuvo dos Presidentes. El 18 de octubre de 2011 llenará las amarillentas páginas del libro gordo de la AFA como el día en que la Matrix intercedió por nosotros a fin de otorgarnos una división tan sorprendente como patética: En el interior del tercer piso del edificio de calle Viamonte al 1366, Julio Grondona era relegido como Presidente de la Asociación Argentina de Fútbol, cargo que ostentaba desde hacía 32 años. Al mismo tiempo, en la entrada del mismo edificio, el empresario televisivo Daniel Vila aseguraba que se convertía en el nuevo presidente de la AFA, el primero en ser elegido en forma democrática de la historia.

En aquel momento, propio de los destinos que manejan este fútbol mediocre que tantas cosas lindas nos genera, los más osados aventuramos los nombres de los jerarcas que serían llamados a manejar los destinos de esta AFA Paralela. Dada la condición mafiosa de ambas asociaciones, intentamos designar un personal nada ajeno a los manejos turbios. Así, entrañables personajes como el Sargento Giménez se encargarían de los manejos de la Escuela de Árbitros, Héctor Domínguez volvería a su puesto de Tesorero de la AFA o el honesto Ducatenzeirler (Aquel que confesara comprar el Apertura 2002 a favor de Independiente y que más tarde fuera internado en una clínica neuropsiquiatría) podría organizar los fixtures. ¡Si hasta el inefable Cherquis Bialo podría ser el Secretario de Prensa! (Pará, ¿Ese ya estaba?).

En fin, quien suscribe se la jugó con un nombre para un puesto de suma importancia. ¿Quién cuidaría las espaldas de nuestro querido Presidente de la AFA? Julio Grondona ya había amenazado, en una cámara oculta, con asesinar al reconocido periodista y veterinario Alejandro Fantino y, asumí, no tendría reparos en liquidar al marido de Pamela David. Néstor Pittana, patovica de boliches cuando no está concentrando, era la primera opción. La segunda opción, pero no menos acorde, abarcará las siguientes líneas.

Nació en Rosario, un 29 de mayo de 1955, en plena Revolución Libertadora. Más tarde aseguraría que el exilio de Perón fue uno de los motivos por los cuales golpeaba a jóvenes en los recreos para robarles las monedas, desencantado con los gobiernos de turno y triste porque su padre había viajado a Buenos Aires y le había arrojado su tortuga al Presidente Arturo Ilia.

En aquel entonces, Carlitos se enamoró de la pelota y se juró que se iba a ganar la vida siendo futbolista. No hay muchos registros de su calidad técnica, pero de alguna forma que no debe guardar relación alguna con los aprietes y la violencia, Ramacciotti se las ingenió para llegar a la primera de Newell´s y entrenar un año con el plantel. Cumplido aquel plazo (algunos aseguran que se había ganado su lugar en plantilla en un concurso de vinos) Carlos hizo las valijas y se mudó a Mendoza para romperla en Godoy Cruz. Después de romperla o romper a varios durante un año (las hojas de los diarios de la época están algo descoloridas) Atlético Ledesma de Jujuy le abrió las puertas para trabajar en la producción y recolección de cañas de azúcar. La leyenda cuenta que cierta tarde mientras chicaneaba a un compañero, este le aseguró a Carlos que podía hacer más de 250 jueguitos seguidos con la nariz. Nuestro héroe, astuto, sagaz, le apostó su sueldo del mes a que no lo lograría: Cuando el inocente jujeño alcanzó los 150 malabares, el bueno de Ramaciotti le asestó una patada mortal en la rodilla izquierda que le hizo perder la vertical y por tanto, el control del balón.

Aparentemente este hecho no fue suficiente para que Carlos lograse mantenerse más de un año en el club y meses más tarde, llevó su fútbol a la provincia linda de Salta. Allí, según cuentan, se transformó en ídolo y capitán de Central Norte donde permaneció hasta 1982, momento en que cumplió diez años de carrera. De allí partió de nuevo a su tierra de origen para colgar un par de rivales más en Renato Cesarini y poder, así, colgar sus propios botines con un poco más de gloria.

De allí en más, Rama forjó una carrera como DT que le otorgó el reconocimiento que injustamente le fue arrebatado en su etapa de futbolista. Sepa disculpar lector/a, la emoción que invade al autor ha alejado las líneas del verdadero sentido del post. El 17 de Febrero de 2002, Carlos Ramaciotti dirigía a un exitoso Gimnasia y Esgrima La Plata al que más tarde llegaría a disputar la Copa Libertadores. El presente le sonreía y su Lobo vencía a Unión de Santa Fe una fecha antes del clásico platense, donde enfrentaría a un alicaído Estudiantes dirigido por Néstor Oscar Craviotto.

Tal era la seguridad que embargaba a Carlos, que hizo una promesa algo extraña, para algunos relacionada con prácticas mafiosas: Aseguró que si perdía ese clásico, hacía un pozo y se enterraba en Estancia Chica, predio en el que se entrena el primer equipo del plantel mens sana. Finalmente, Estudiantes venció a su equipo por 3-2. Muchos aseguran que su lugar en el pozo fue ocupado por otra persona.

Tuvieron que pasar muchos años para poder escuchar de la boca de Ramacciotti una declaración semejante, quien pasó ese tiempo bien aconsejado por su catequista. Mas una triste tarde de 2007, el buzo de entrenador de un Nueva Chicago urgido por el descenso lo encontraba dando ordenes a diestra y siniestra desde la línea de cal, instrumento que antes había usado para otras prácticas. Su equipo es local en Mataderos, y le gana a River 2-1. El reloj marca 47 minutos del segundo tiempo. Se cocinaba el accionar de un ídolo.

Jugada fatal: Marco Ruben entra al área y es derribado por los defensores del Torito. El árbitro sanciona la falta, pero duda si es adentro o afuera del área de gol. El línea, algo asustado, señala la pena máxima. Se desata la locura. Navarro Montoya trepa el travesaño e intenta llamar a Tarzan, clamando justicia. El colorado Lussenhoff, figura de River, insulta a todo aquel que se toca el izquierdo cada vez que él pasa cerca. La hinchada de River clama que el penal lo patee Carrizo. Los jugadores de Chicago ruegan que el tiro vaya afuera.

Y en ese momento, los planetas se alinean. Y nuestro héroe decide que llega la hora de entrar en la historia. Se pone de pie, bien erguido, sobre la línea, acercándose lo más posible al sector interno de la cancha. Abre sus dos manos y las reposa sobre la comisura de su boca, intentando emular una bocina. Se dirige a Paulo Ferrari, capitán de River, encargado de ejecutar el penal. Sus miradas podrían haberse cruzado, nunca lo sabremos. Simplemente observamos (y guardamos por siempre en la memoria) como Ramacciotti le exige a Ferrari “Errá el penal, porque de acá no sale nadie.” Instantes después, su gesto desencajado se detiene en el encargado de cámara, y se dirige a él con una orden simple, pero expeditiva: “Eso no lo pongas, eh..!”.

Al final, lo de Vila fue una farsa. La AFA paralela jamás llegó a ejercer. Con el tiempo, se transformará en un hecho bizarro que algunos escucharan con incredulidad. Carlos no tuvo más alternativa que volver a ponerse la ropa de técnico, y se fue para Tucumán, donde ya está cerca de ser despedido tras hacer pública la deuda que mantiene San Martín con sus jugadores. Pero por las noches, cuando apoya la cabeza en la almohada, a Carlos le cuesta conciliar el sueño. Hay un sentimiento que le quema la garganta, que le angustia el pecho, que le revuelve las entrañas. Un sueño trunco, una oportunidad desperdiciada. Ramacciotti imagina su vida de guardaespaldas y solo ve un corazón, con una espada atravesada.

viernes, 25 de mayo de 2012

El Rinconcito Rústico:Hoy, Juan Krupoviesa



Respeto
Hay veces que uno siente placer cuándo ve a un jugador desplegar su habilidad, esa que lo destaca por sobre el resto y lo inmortaliza en cada una de las retinas de los admiradores de este hermoso deporte. Frases como “Éste está en su salsa”, “Qué cómodo se siente éste muchacho jugando en ese sector”, “Que bien lo hace” (seguido de un leve pero fuerte aplauso frente al televisor), etc.
Su paso por el futbol argentino dejó marcas
Este es el caso de Juan Krupoviesa, un especialista en la marca. Un tipo que no duda en dejar a un equipo con 10 con tal de marcar los tapones sobre una costilla, un muslo o un tobillo rival. Un elegido de la materia, uno de tantos.
Estudiantes lo acuñó desde chico, debutó en el club pincharrata allá por el 99´ en un trecho que recorrió hasta 2005 cuándo dio un salto en su carrera para pasar a Boca Juniors. En el xeneize jugó dos años (suficiente) y fue vendido a Europa, por eso era un elegido, más precisamente al Olimpique de Marsella el equipo dónde supo jugar Zidane.
Obviamente no duró más de seis meses y retomó a Boca. Allí se desempeñó durante dos nuevos años (2008-2010) hasta que los directivos de la Ribera se lo entregaron al Arsenal… De Sarandí.
Desde este ángulo duele más
En esa institución no destacó demasiado, es decir, no rompió ningún ligamento ni nada. Fue por esto que su performance no fue exitosa. Fue así que el tucumano llegó como incorporación estrella a Chacarita Juniors, que como su apodo lo dice albergó otro “muerto” más en su plantel. Cuentan los allegados que fue en ese equipo dónde mejor se entendió con sus compañeros.
En una charla relajada contába que junto a Javier “Satanás” Páez y Sebastián “Tomatito” Pena se apostaban el uno al otro quien daba la patada más fuerte. Independientemente del resultado del partido, eso era lo más importante.
Pero hablar de sus características de juego sería una falta de respeto a todo amante del futbol rústico, es por eso que a continuación irá la jugada que marcó un hito en su trayectoria futbolística.



miércoles, 16 de mayo de 2012

De transexuales y esfínteres correctos


                Corría abril de 1954.  El protagonista de esta historia se hallaba sentado en el tercer banco a la izquierda de la señorita Irma, muy estricta. Al lado del susodicho, compartiendo pupitre, se sentaba Gracielita, de quien él estaba profundamente enamorado. Bueno, tan enamorado como puede estar un nene de ocho años. En el pizarrón, mientras tanto, Irma dibujaba globos. Los mira, los cuenta, arranca de nuevo. De repente se da vuelta y se dirige a nuestro héroe. Le pregunta cuantos puntos van a sacar si le venden a sus referentes. Qué cuanto tiempo va a poder sostener la falacia de su discurso sin sus principales intérpretes del arte. Él, asustado, se mantiene mudo. Se había distraído mirando la cera del oído de Gracielita y ahora pagaría las culpas. Su apellido, el tercero en la lista. Los dos inmediatos antecesores, ausentes sin aviso. Irma lo condena con la mirada a un rincón inevitable, por distraído. Angelito intenta culparla, pero no puede. Sus compañeros se ríen. La lista de alumnos decreta el primer foul al tres.

                Año 1975.  La clase de psicopedagogía se le antoja extraña. Mucho formalismo, mucha palabra dulce, como él gusta. Pero no hay gritos, hay suavidad. No hay polémica. Conceptos poco debatibles, verdades irrefutables lo agobian, él necesita expresarse, mentir de ser necesario, exagerar al mango sus virtudes en pos del folklore. Se siente asfixiado. Toma una lapicera, y raya con fuerza el banco. Se aleja un poco para contemplar su obra. Inconsciente de que casi cuarenta años después alguien escribiría un texto sobre él con este titulo, Angelito escribía Aguante Villa Mitre, la puta que los re mil pario.

                Quien suscribe se reserva el derecho de asumir que el lector ya identificó al protagonista de esta historia. Incluso se arriesga en asegurar que ya tienen presente su trayectoria, al menos más reciente, un poco porque haría más fácil la comprensión de las cosas y otro poco porque no tiene ganas de contarla. No se trata de una remembranza, ni de una biografía.

                Angelito es uno de los pilares de este proyecto, uno de los padres tácitos de este blog. No por su ideología deportiva, para bien o para mal. La belleza siempre es subjetiva y por tanto, los gustos siempre serán diferentes. Y respetables desde el ya. Pero no es la única lectura que despega este genio de la filosofía, la psicopedagogía, la reparación de termo tanques y el fútbol fino. Seguramente, esta sea la primera pero no la única vez que encuentren las andanzas de quien descollara mundialmente como ayudante de Menotti en Barcelona o de Valdano en Real Madrid y Tenerife, por este espacio. Tiene lógica propia: Alguien tan afecto a declarar, con tanta verborragia y contradicción, sin tener en cuenta el desenlace de los últimos tres equipos que dirigió, produce constantemente material para el análisis. Y así podrán salir cosas menos serias, otras más inclinadas a una opinión debatible.

                En esos planes, no faltaran los lectores ofendidos, como tampoco los que se alegraran con alguno de los post de este personaje de Buenos Aires con aspiraciones de París.


                ¿El título de esta nota? Promediaba el año 2009. Su Huracán llegaba puntero a la última cita contra el escolta Vélez Sarsfield.  Un punto aventajaba al elenco de Parque Patricios, que con dos de los tres resultados posibles, sería campeón. El resto es historia conocida: al Globito de Cappa, a instancias de Gabriel Brazenas, le anulan un gol legítimo de Eduardo Domínguez. Tiempo más tarde, el mismo juez haría caso omiso a una falta del delantero de Vélez Joaquín Larrivey sobre el arquero Monzón, permitiéndole marcar al fortín la victoria parcial y conseguir el titulo. Minutos antes del final, y víctima de una ataque de nervios, Ángel Cappa emitiría un grito desgarrador que aun hoy se escucha en el José Amalfitani. Parado, en el límite de la línea, Angelito acusó a la institución de Vélez con una frase antológica: Esconden las pelotas, cagones de mierda.

viernes, 11 de mayo de 2012

El Rinconcito Rústico: Hoy, Mauro Laspada


Laspada inaugura el primer RR (rincon rústico)

Mauro Sebastián Laspada, conocido jugador que se desempeñaba en la posición de defensor central y a veces de líbero en varios equipos del fútbol argentino aunque su participación estelar hizo eco en Olimpo de Bahía Blanca.
Su fama está bien ganada, no se caracterizó JAMÁS por tirar un caño, porque “la pisadita para mi, ya pasó de moda” decía en alguna de las tantas notas que supo realizar para diversos medios en los cuales a veces salía desde su casa o desde la comisaría.
Lo suyo fue y siempre será el quite, la garra, la patada. Destacaba una vez “una patada bien dada es como un orgasmo, realmente lo siento así” y es que parecía ser ciertamente así. Contaban sus allegados y amigos que cuando no aparecía en un conocido ranking de igual nombre al del texto y emitido por un famoso canal de cable, se deprimía, no era él.
Maurito en acción
Tras un período glorioso de lesiones contrarias reventó sus últimos cartuchos en el privilegiado Sporting de Punta Alta de su ciudad natal. Se dice que en su estadía en ese humilde club sus patadas no eran como antes, había perdido fuerza, había perdido talento, ya no era el mismo.
Cuando se preguntan porque Bielsa se fue de la Seleccion, nadie se acuerda de esto














Tras su retiro, injustamente sin homenaje a cancha llena, su tiempo afuera de las canchas duró poco. Decidió agarrar el fierro caliente y dirigir a Olimpo, demostrar que no sólo estaba hecho para pegar.
Lamentablemente duró poco. Se apresuró. Pegó el portazo y dio el brazo a torcer. Y si, un ídolo no quiere perder su idolatría.
Hoy la vida lo tiene en las sombras, agazapado, esperando algún club que dirigir para mostrar sus conocimientos. 4-3-3 como el Barcelona como alguna vez dijo el Checho Batista. Será cuestión de tiempo.

jueves, 10 de mayo de 2012

El Señor de la Noche


Era un secreto a voces en la ciudad de las diagonales, de esas leyendas urbanas que se transmiten de oreja a oreja, de generación a generación. Nadie lo acallaba, pero públicamente, nadie se atrevía a afirmarlo. Pero cada noche, donde las luces se prenden y bailan de colores, y las fragancias se mezclan con besos de alcohol y otros excesos, un personaje se robaba las miradas de quienes no esperaban encontrarlo inmerso en la escenografía lujuriosa de los pubs platenses. En cambio, para los más frecuentes, los entendidos o y otros pernoctadores, visitar aquel lugar y no encontrar entre la gente su figura, ya sea bailando o pegado a la barra de las perdiciones resultaba todo un acontecimiento curioso, y que traía aparejada una desgracia.


Y él sabe de desgracias. Más noches de llanto que de baile curtieron la espalda de este hombre que sobrevivió a la tragedia de perder un hijo.  Quizá, razonen psicólogos más adecuos, salir para él era alejarse un poco de eso, de esas noches donde durmió abrazado a la almohada que supo cobijar a su hijo, mojada por sus lágrimas mientras rodaba por el suelo. Siempre, de alguna manera, salió adelante, quizá impulsado por sus otros hijos o embriagado por su propia esperanza.  Porque la noche lo encontraba embriagado muy rara vez, aunque la frecuentaba todos los días. Así fue en tiempos de estudio para ser, aseguran, un excelente preparador físico cuyo talento tocó primera. Lejos de alejarlo, la fama lo invadió. Y mientras eso sucedía, su carrera como entrenador se tejía lenta hasta que cierta madrugada de penas, la renuncia de Russo y Manera se convirtió en sweater y el cordero se transformó en León, o mejor dicho en su domador y así comenzó su carrera.

                Un éxito inesperado y un estilo provocador lo catapultaron a la cima de la consideración técnica del periodismo enfocado a nuestro balompié. Su mayor acierto, posiblemente el que mantuvo con vida su carrera, fue darle crédito a un lungo delantero que luego se transformó en el máximo goleador de la historia de Boca, institución que él asegura siempre estuvo interesada en contratarlo. De hecho algunas lenguas tímidas aseguraban que fue este entrenador quien le sugirió a La Garza platinarse el pelo para llamar la atención de los clubes grandes.

                Provocador, pendenciero, auto-promotor, este entrenador que asegura ser el mejor pero muy caro vio como su carrera entraba en un declive después del fallecimiento de su hijo, momento en el que decidió abandonar la dirección técnica de Platense para enfocarse en recomponer su vida privada. Más tarde llegaría Lanús a su vida, donde una levantada que salvó al club del sur del descenso ofertó una celebración, a la que nunca llegó porque fue secuestrado. U$ 40.000 valió por cinco horas su cabeza, salvada por Nicolás Russo, presidente del club que dirigía. Otro hecho gris entristecía su vida.

                Lo que ya no regresaría, al menos en su carrera, sería el reconocimiento deportivo. Un poco por su propia soberbia o sus declaraciones cargadas de humo y estimulantes de tinta y otro por sus altibajos en cuanto a resultados, el Profe se alejó del circuito y ya se le hizo imposible volver. Su carrera se encontró estancada y la televisión le dio refugio por la señal de fox sports. Allí dio cátedra de fútbol y chocó varias veces con la polémica. Mientras tanto, la noche platense siempre fue su casa. Allí, en el boliche mitico de 8 y 57, de lunes a domingo el que fuera potencial técnico de Boca bailoteaba entre la multitud, en remera musculosa y bermudas blancas, señal de que su estética no siempre fue motivo de preocupación. Así fue incluso después de que el escándalo golpease de nuevo su puerta, cuando fue acuchillado por su concubina paraguaya, produciéndole cortes en los genitales. Una de sus declaraciones más recordadas nació de aquella triste escena, cuando a la salida del hospital le aseguraba a Fernando Niembro que “tengo más puntos que el Boca de Bianchi”. Esta era su vida ahora. Su caso llegó a Intrusos. Era un tema pasional que él jamás aclaró ni volvió a tocar.

                Finalmente, su vida se comprometió gravemente cuando sufrió un accidente que lo mantuvo en coma por tres meses. El hígado explotó tras colisionar con su auto después de dejar a su hija en el colegio. Tres operaciones después, ya en su casa fue tapa de la Revista Gente. Un tiempo después, no muy lejano, ya despuntaba el vicio en el boliche donde es una extensión de la barra. Este cronista lo ha comprobado.

                Hace una semana abandonó la dirección técnica del poderoso Central Córdoba de Santiago del Estero. Alegó motivos personales frente a una hinchada que lo insultó, momento en que aseguró que su paciencia era limitada y que no iba a dejar manchar su trayectoria. Para nuestra desgracia, a esa altura Barcelona ya había contratado a Vilanova.
                

lunes, 7 de mayo de 2012

Homenaje a Caruso


Caruso y su característico "pucherito"
Primer posteo, inaugurando el nuevo blog. Pensé, como empezar un blog con mucho contenido polemico sin escribir un texto sobre Ricardo Caruso Lombardi, Richard para los amigos, uno de los entrenadores mas reconocidos del ámbito local, ojo nunca ganó nada, pero se define como un salvador.

Como empezó ? pocos lo saben pero las lenguas dicen que fue en 1994. Casi diez años después tenía una gran experiencia como Dt, al mando de Tigre en la Primera B ascendió a la B Nacional. Eso hizo que llegara a Argentinos Juniors por mérito propio y por recomendación de Diego Maradona, que no tenía nada que perder.

El Tano asegura que nunca le fue mal con las mujeres. Facha no le falta.
Ahí nació el mito Caruso. Argentinos andaba necesitado de puntos, había estado a punto de jugar una promoción meses atras y debía engrosar el promedio. Richard cosechó bastantes unidades y logró salvar al Bicho, sin embargo se alejó por problemas con el plantel, como por ejemplo Diego Scotti al que mando a "jugar con los osos polares".

Pero como mi propósito no es aburrir, voy a resumir bastante. Resulta que tambien dirigió a Newell's, equipo al que tambien salvó y del cual también se fue mal. Se peleó con los dirigentes y con algunos referentes del cuadro rosarino, mas precisamente con Rolando Schiavi. Tambien tuvo pasos importantes por otros equipos importantes.

Racing fue el primer equipo grande que tuvo el honor de conocer la sabiduría de Caruso. El técnico se las ingenió para crear un "video motivador" bastante rústico por cierto. En él se pueden ver a los jugadores de la Academia pegando algunas patadas y a Caruso desesperado tratando de dar algun consejo táctico, como metanse todos atras o cuelguense del travesaño tal vez, ahh tambien hay imagenes de Migliore vomitando. Y si, los muchachos de Racing dejaban todo en la cancha.


Pero lo mejor de Caruso, además de sus méritos como técnico que obviamente los tiene, son las peleas con varios históricos de la farandula futbolera. El programa de alto contenido periodistico y serio, llamado El Show de Futbol (resumido como #elprogramadefantino) contiene varios archivos mostrando a Caruso con todo su repertorio. Aquí algunas polémicas.





Hoy el tano dirige a San Lorenzo y se encuentra nuevamente ante el desafio de evitar el descenso, en definitiva una tarea conocida para Caruso Lombardi. Mucha suerte para uno de los personajes del fútbol argentino, que probablemente sera nombrado asiduamente en este blog.

Proximamente algunas frases.