jueves, 10 de mayo de 2012

El Señor de la Noche


Era un secreto a voces en la ciudad de las diagonales, de esas leyendas urbanas que se transmiten de oreja a oreja, de generación a generación. Nadie lo acallaba, pero públicamente, nadie se atrevía a afirmarlo. Pero cada noche, donde las luces se prenden y bailan de colores, y las fragancias se mezclan con besos de alcohol y otros excesos, un personaje se robaba las miradas de quienes no esperaban encontrarlo inmerso en la escenografía lujuriosa de los pubs platenses. En cambio, para los más frecuentes, los entendidos o y otros pernoctadores, visitar aquel lugar y no encontrar entre la gente su figura, ya sea bailando o pegado a la barra de las perdiciones resultaba todo un acontecimiento curioso, y que traía aparejada una desgracia.


Y él sabe de desgracias. Más noches de llanto que de baile curtieron la espalda de este hombre que sobrevivió a la tragedia de perder un hijo.  Quizá, razonen psicólogos más adecuos, salir para él era alejarse un poco de eso, de esas noches donde durmió abrazado a la almohada que supo cobijar a su hijo, mojada por sus lágrimas mientras rodaba por el suelo. Siempre, de alguna manera, salió adelante, quizá impulsado por sus otros hijos o embriagado por su propia esperanza.  Porque la noche lo encontraba embriagado muy rara vez, aunque la frecuentaba todos los días. Así fue en tiempos de estudio para ser, aseguran, un excelente preparador físico cuyo talento tocó primera. Lejos de alejarlo, la fama lo invadió. Y mientras eso sucedía, su carrera como entrenador se tejía lenta hasta que cierta madrugada de penas, la renuncia de Russo y Manera se convirtió en sweater y el cordero se transformó en León, o mejor dicho en su domador y así comenzó su carrera.

                Un éxito inesperado y un estilo provocador lo catapultaron a la cima de la consideración técnica del periodismo enfocado a nuestro balompié. Su mayor acierto, posiblemente el que mantuvo con vida su carrera, fue darle crédito a un lungo delantero que luego se transformó en el máximo goleador de la historia de Boca, institución que él asegura siempre estuvo interesada en contratarlo. De hecho algunas lenguas tímidas aseguraban que fue este entrenador quien le sugirió a La Garza platinarse el pelo para llamar la atención de los clubes grandes.

                Provocador, pendenciero, auto-promotor, este entrenador que asegura ser el mejor pero muy caro vio como su carrera entraba en un declive después del fallecimiento de su hijo, momento en el que decidió abandonar la dirección técnica de Platense para enfocarse en recomponer su vida privada. Más tarde llegaría Lanús a su vida, donde una levantada que salvó al club del sur del descenso ofertó una celebración, a la que nunca llegó porque fue secuestrado. U$ 40.000 valió por cinco horas su cabeza, salvada por Nicolás Russo, presidente del club que dirigía. Otro hecho gris entristecía su vida.

                Lo que ya no regresaría, al menos en su carrera, sería el reconocimiento deportivo. Un poco por su propia soberbia o sus declaraciones cargadas de humo y estimulantes de tinta y otro por sus altibajos en cuanto a resultados, el Profe se alejó del circuito y ya se le hizo imposible volver. Su carrera se encontró estancada y la televisión le dio refugio por la señal de fox sports. Allí dio cátedra de fútbol y chocó varias veces con la polémica. Mientras tanto, la noche platense siempre fue su casa. Allí, en el boliche mitico de 8 y 57, de lunes a domingo el que fuera potencial técnico de Boca bailoteaba entre la multitud, en remera musculosa y bermudas blancas, señal de que su estética no siempre fue motivo de preocupación. Así fue incluso después de que el escándalo golpease de nuevo su puerta, cuando fue acuchillado por su concubina paraguaya, produciéndole cortes en los genitales. Una de sus declaraciones más recordadas nació de aquella triste escena, cuando a la salida del hospital le aseguraba a Fernando Niembro que “tengo más puntos que el Boca de Bianchi”. Esta era su vida ahora. Su caso llegó a Intrusos. Era un tema pasional que él jamás aclaró ni volvió a tocar.

                Finalmente, su vida se comprometió gravemente cuando sufrió un accidente que lo mantuvo en coma por tres meses. El hígado explotó tras colisionar con su auto después de dejar a su hija en el colegio. Tres operaciones después, ya en su casa fue tapa de la Revista Gente. Un tiempo después, no muy lejano, ya despuntaba el vicio en el boliche donde es una extensión de la barra. Este cronista lo ha comprobado.

                Hace una semana abandonó la dirección técnica del poderoso Central Córdoba de Santiago del Estero. Alegó motivos personales frente a una hinchada que lo insultó, momento en que aseguró que su paciencia era limitada y que no iba a dejar manchar su trayectoria. Para nuestra desgracia, a esa altura Barcelona ya había contratado a Vilanova.
                

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